sábado, 13 de marzo de 2010

El hereje


El Hamburg, una galeaza a remo y vela, de tres palos, línea enjuta y setenta y cinco varas de eslora, dedicada al cabotaje, rebasó lentamente la bocana y salió a mar abierta. Amanecía. Se iniciaba el mes de octubre de 1557 y la calima sobre la superficie del mar y la estabilidad de la nave presagiaban bonanza, una jornada calma, tal vez calurosa, de sol vivo y suave viento del norte. Era el Hamburg un pequeño barco de carga, dotado con cincuenta y dos marineros, al que su capitán, Heinrich Berger, con un agudo sentido de la economía personal, superponía en el buen tiempo dos pequeñas tiendas de campaña sobre las cuadernas de toldilla para alojar a cuatro posibles pasajeros de confianza, mediante un módico estipendio.
En la primera de estas tiendas, viniendo de proa, viajaba ahora un hombre menudo, aseado, de barba corta, al uso de Valladolid, de donde procedía, tocado de sombrero, con calzas, jubón y ropilla de Segovia, que, acodado en el pasamanos de babor, oteaba con anteojo el puerto que acababan de abandonar. Una bandada de gaviotas que sobrevolaba la estela del Hamburg se reunía, graznando destempladamente, preparando el regreso a puerto. Por la amura, sobre la silueta de tierra, la bruma comenzaba a rasgarse y permitía divisar, entre los flecos, fragmentos del cielo azul que la calma chicha de la madrugada auguraba. El hombre menudo y aseado hurgó con su mano pequeña y nerviosa en el bolso de la ropilla, extrajo el papel plegado que le había entregado un marinero al embarcar y leyó de nuevo el breve mensaje que contenía: "Bienvenido a bordo. Le espero a almorzar en mi camareta a la una del medidía. El capitán Berger".

3 comentarios:

BIBLOS dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
BIBLOS dijo...

Excelente recomendación en un día en que muchos estamos emocionados y agradecidos por lo mucho que Miguel Delibes nos dio. Saúdos dende Loranca.

biblioteca dijo...

Para mí es un libro de lectura obligada, un auténtico alegato contra la intolerancia. Ahora y siempre un buen momento para leerlo, para leer a Miguel Delibes.
Marga

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